¿Qué es?

El artista de las cavernas no tenía tiempo ni elementos para pintar lo que le viniera en gana: debía ocuparse de lo más importante para la tribu o la comunidad. Evocaba rebaños, cazadores, mamuts, explicando a los jóvenes cómo alimentar a sus familias, o pidiendo a los dioses tiempos de bonanza.

Los asirios, sumerios, caldeos, grababan en piedras sus códigos y crónicas. Cuando sus manos sangraban o dolían demasiado, interrumpían la tarea.

Los heraldos de la Edad Media viajaban por las comarcas con bandos que desenrollaban y transmitían a viva voz, de esquina en esquina, con el apoyo de tambores y cornetas. Esas noticias, casi siempre provenientes de la Corte, debían compadecerse de las cuerdas vocales del transmisor y por esa misma razón no extenderse más de lo imprescindible.

Siempre hubo una frontera para la difusión de noticias. En los medios modernos ese límite es el espacio disponible, en páginas, centímetros o segundos.

A la mesa de un responsable periodístico llega mucha más información de la que cabe en una edición. Directores y jefes de redacción seleccionan, reorientan, vuelven a investigar y adaptan al espíritu de sus medios las noticias que cubren sus escritorios y titilan en las pantallas de sus computadoras.

En el curso de esa labor, mucha información interesante va a parar al cesto de los papeles o desaparece mediante un dedazo en “delete”.

Sin embargo, desde que existen los medios de comunicación social, hubo personas que abogaron para que ciertas noticias no fueran desechadas. El alcalde, el sacerdote, el molinero de la zona, el médico, un grupo de vecinos, formulaban el pedido y se esforzaban por explicar al escriba la importancia de abordar tal o cual tema. Unas veces su pedido era aceptado y otras no.

Aquellos esfuerzos son confiados hoy a profesionales comparables con abogados defensores de la información. Su tarea se denomina “lobbying” o “gestión de prensa”. Estos especialistas, de los que Graciela Frega forma parte desde hace muchos años, saben argumentar en el mismo lenguaje técnico y ético que los conductores periodísticos. Por eso son bienvenidos en editoriales, radios, canales de televisión, agencias de noticias y sitios web. Naturalmente, la decisión última pertenece a los medios, únicos y verdaderos jueces de la información que llega a sus manos.


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