Prensa y Publicidad
Los medios de comunicación social nacieron
para mantener informado al público acerca de temas
que interesan al conjunto de la población o a determinados
sectores de ella.
Al
principio, diarios y periódicos se financiaban gracias
a los centavos que cada lector pagaba por su copia. O a subsidios
del Estado. O a la fortuna personal de su editor. Pero con
el tiempo los avisos comerciales insertados en cada edición
se transformaron en los verdaderos sostenedores de la prensa.
Gracias a esos recursos los medios crecieron de tal modo que
hoy sería demasiado oneroso, para el lector promedio
de un diario, pagar la parte que corresponde a su ejemplar
de la enorme inversión realizada para informarlo.
La
radio y la televisión abierta desechan por completo
la participación económica de su audiencia y
apuestan de lleno a la recaudación publicitaria. La
televisión por cable trató al principio de hacer
lo opuesto: independizarse de los avisos mediante el aporte
de sus abonados. Pero luego, para poder competir en calidad,
tuvo que abrir sus espacios a las expectativas comerciales.
Este
proceso hizo germinar una relación cordial entre el
medio periodístico y sus anunciantes. A ambos les interesa
la prosperidad del otro. Pero hay conceptos éticos
y prácticos que impiden una integración completa:
el medio debe a sus destinatarios información insospechable
de haber sido negociada; si no fuera así, el contenido
periodístico dejaría rápidamente de interesar
e influir en la opinión pública. El anunciante,
por su parte, necesita que crezca la confiabilidad del medio
en el que inserta avisos, porque entonces sus mensajes comerciales
se “contagian” de esa virtud. Tal necesidad, tal
ética, inhiben a ambas partes de comprar o vender espacios
periodísticos para aplicarlos a fines de comercio.
Ahora
bien: en una sociedad en la que el comercio es la medida de
(casi) todas las cosas ¿cómo separar el interés
comunitario del interés económico, cuando las
innovaciones son capaces de cambiar una actividad humana,
un país o nada menos que la expectativa de vida? Hay
noticias que, por cierto, merecen ser difundidas como tales
aun cuando se originen en estructuras con fines de lucro.
Sin embargo los responsables periodísticos de los medios
las miran con desconfianza porque perciben en ellas un sesgo
comercial. Esas buenas noticias miradas con recelo necesitan
abogados defensores: los agentes de prensa.
Cuando
una empresa produce una de esas novedades importantes, suele
respaldarla con campañas publicitarias, pero también
aspira a que sea reconocida como buena para la comunidad.
Son los agentes de prensa quienes hacen llegar esa información
a los medios, explican su naturaleza a los responsables periodísticos
y abogan –con diverso resultado- por su publicación
como noticia.
Eduardo Guibourg |