Libros Institucionales

Cuando el hombre pudo expresarse con palabras, transmitió conocimientos a las nuevas generaciones mediante la tradición oral. Aparecida la escritura, el pensamiento humano empezó a acumularse en muros, tablillas, papiros... y finalmente en libros.

El libro, pues, es un objeto que resume y simboliza la trayectoria de la humanidad casi desde sus albores. Tiene para nosotros una “virtud original” casi mágica. Está en las bases del teatro, del cine, de los medios audiovisuales, excita la imaginación, reproduce las artes, cuenta ficciones, enseña lo nuevo y alienta la memoria. Ninguna actividad cultural es tan prestigiosa y al mismo tiempo tan accesible.

Por lo expresado, y también por su calidad de objeto perdurable, el libro es una herramienta ideal de promoción institucional para cualquier organización o estructura que quiera asociar su imagen a los factores más positivos de una comunidad. Suele ser usado como obsequio empresarial o acompañar presentaciones de cualquier orden. Incluso puede ser comercializado si el tema y el mercado lo justifican.

Los obras de este tipo, cuyo propósito no es sólo transmitir información, sino también respaldar el prestigio de sus mecenas, suelen presentar características gráficas y temáticas propias.

En su aspecto gráfico, el “objeto libro” debe ser de formato importante (por tamaño u originalidad); desplegar un diseño creativo; lucir impreso mediante técnicas impecables, en papel excelente, y estar bellamente encuadernado para invitar a su conservación y exhibición.

En lo referente a su contenido, estos libros llamados empresariales o institucionales pueden contar la trayectoria de quien ordena su edición, documentar un período histórico, analizar un sector de actividades, ilustrar sobre capítulos de la Ciencia o la Tecnología, difundir tesoros artísticos, costumbres, tendencias, lugares y paisajes. La temática, en todos los casos, habrá de corresponder a intereses potenciales de quienes recibirán la obra.

Este tipo de libros se financia habitualmente según dos modalidades.

a) La realización es contratada por un solo auspiciante, el que se convierte así en dueño material de la obra. El pago al editor se divide en dos partes: un adelanto para solventar los costos inmediatos y el saldo en cuotas a convenir, o al recibir los ejemplares.

b) El editor propone una obra que puede interesar a varios clientes y ofrece a cada uno de ellos cierta cantidad de copias a cambio de su auspicio. Por lo general, en los ejemplares que corresponden a cada uno de ellos, se incluye desde una mención hasta páginas adicionales exclusivas, que destacan su participación en el libro. En esta modalidad el editor cubre su costo mediante la suma de adelantos que le entregan sus auspiciantes. De ahí que la producción formal del libro no se inicie antes de que el editor haya reunido la suma necesaria para asegurar el propio cumplimiento del contrato.

Muchos príncipes del Renacimiento son más reconocidos por su apoyo a las artes que por su gestión política. Los prínicpes de hoy son las empresas, las fundaciones, las universidades, pero la forma de acceder al prestigio cultural no ha variado.

Eduardo Guibourg


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